El aceite de oliva también tiene su capítulo histórico en las exportaciones al Nuevo Mundo tras el descubrimiento de América y en esos tiempos, la Hacienda Guzmán ya funcionaba como punto de producción olivarero que enviaba aceite a América.

En el Siglo XVI, Hernando, hijo de Cristóbal Colón, regentaba la Hacienda, mientras que el resto de su familia se encontraba en la isla de La Española, actual República Dominicana, lo que facilitó la salida del aceite de oliva a América.

Además, se daban unas condiciones legales muy favorables para la exportación agrícola andaluza a las tierras recién descubiertas por los europeos. Los Reyes Católicos vieron en Sevilla el puerto ideal para monopolizar el mercado americano, tal y como cuenta el historiador Antonio García-Vaquero: “La existencia en el valle del Guadalquivir de una infraestructura agrícola absolutamente imprescindible como recámara del tráfico de Indias”.

Los cosecheros andaluces monopolizaron el mercado americano durante casi 300 años gracias a encontrarse exentos de una serie de impuestos a condición de destinar su producto a América, a esta circunstancia le acompañaba una prohibición, que aunque no explícita sí que era real, de fabricar en el Nuevo Mundo productos como vino, aceite de oliva, papel o herramientas de hierro, fomentando la dependencia con la metrópolis.

El aceite de oliva se convirtió, tras el vino, en la segunda exportación más importante. Sin embargo, sabemos que en aquellos tiempos era un producto que se enviaba básicamente para el consumo de los españoles que allí habitaban y de un reducido número de indígenas asimilados, no fomentándose su consumo entre los colonizados.

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