La elección de un buen vino y de las condiciones adecuadas para servirlo en la mesa cobran mucha importancia. Muchos de nosotros nos hemos visto en la tesitura de tener que ocuparnos de estos detalles, ya sea como anfitriones del ágape o porque nos han invitado a otra casa y no hemos querido llegar con las manos vacías. Por eso os queremos dar unos pequeños consejos prácticos para que, si no sois expertos en vino, al menos podáis quedar bien en estos eventos.

Elección vinos

¿Qué vino escojo?
El primer dilema nos surge a la hora de elegir el tipo de vino. ¿Un blanco? ¿Un tinto? ¿Un rosado? ¿Un espumoso? Elegir un vino que vaya acorde con el plato que vamos a degustar puede mejorar de manera importante la cena o la comida, pero… ¿en qué basarse para hacer esta elección? Hasta hace unos años, la creencia popular lo reducía a una premisa: tinto para carnes y blanco para pescados. Realmente no es así. Los maridajes entre vinos y comidas son muchísimo más amplios y un blanco puede maridar perfectamente con ciertos tipos de carne y un tinto con los pescados. Además, todo dependerá de los gustos de cada persona. Aun así, y como queremos echaros una mano, vamos a intentar simplificar un poco las cosas.

Si la comida o cena incluye mariscos y crustáceos, como ostras, mejillones, gambas, cigalas, langosta, vieiras o percebes, la elección perfecta es un vino blanco con uvas de las variedades albariño, godello o verdejo, por ejemplo. Estos vinos blancos también van muy bien con pescados, como lubina, besugo o rodaballo, y con aves, como pollo y pavo.

Para empezar con charcutería, salchichas ahumadas, butifarras, etc., maridan muy bien los vinos rosados, sobre todo aquellos que han sido fermentados en barrica…¡Sí! Los blancos y rosados también pueden llevar una crianza en barrica, no está reservada en exclusiva para los tintos. Un vino rosado es perfecto también para tomar un salmón a la parrilla.

Y si la comida o la cena se va a centrar en las carnes, sobre todo rojas, ya sean a la parrilla, a la piedra o en forma de steak tartar, un tinto será una buena elección. También lo será para acompañar cordero asado, productos de casquería o caza.

¡Ah! Y cuidado con los espumosos, tipo cava o champagne. En España estamos acostumbrados a tomarlos con el postre, pero dependerá siempre del tipo de vino. Podemos acompañar los postres con un semi-seco o un dulce, pero si compramos un brut o un brut nature (con un grado de azúcar mucho más bajo) hay que ponerlo en los aperitivos, con un queso o con mariscos, por ejemplo.

Jóvenes, crianzas, reservas y grandes reservas
Una vez elegido el tipo de vino, nos toca elegir su crianza, que es el tiempo que han estado depositados en la barrica de madera y que aporta nuevos matices al producto.

Cuando hablamos de vinos jóvenes, son aquellos que no han llegado a pasar por barrica de madera, es decir, han sido embotellados directamente desde los depósitos de acero. Si os decidís por un vino joven, procurad que sea de la cosecha de ese mismo año, ya que son vinos que no suelen evolucionar en la botella y cuya vida es menos prolongada que los que tienen crianza.

Los “crianza” son vinos que han permanecido en las barricas de madera un mínimo de 12 meses (6 meses en el caso de blancos y rosados). Por lo general, permanecen otros tantos meses embotellados antes de salir al mercado, aunque depende un poco de las Denominaciones de Origen y de las propias bodegas. A veces nos encontramos algunos vinos con la denominación “roble”. Se trata de aquellos que han permanecido menos de un año en la barrica (entre 3 y 9 meses, generalmente).

Por su parte, los “reserva” son vinos que tienen, al menos, tres años naturales. De ellos, como mínimo, tienen que haber pasado 12 meses en barrica y otros 24 meses en la botella antes de salir a la venta.

Y, por último, los “gran reserva” tienen, al menos, cinco años, de los cuales 24 meses son de barrica (como mínimo) y otros 36 meses en botella.

A la hora de servirlos… ¿vale cualquier copa?
La respuesta es no. Cada tipo de copa aporta matices diferentes a los vinos, ya que su forma permite liberar más o menos los aromas, por lo que es conveniente elegir la mejor en cada caso.

Elección copas de vino

Por ejemplo, si vamos a tomar vinos blancos o tintos jóvenes, lo mejor es usar las llamadas copas de borgoña, es decir, aquellas que son “ventrudas” y con la boca más estrecha. La forma de la copa concentra los aromas para que lleguen a la nariz.

La copa de burdeos, con una tulipa muy alta, es perfecta para el resto de vinos, sobre todo aquellos más potentes, y lo mismo ocurre con la copa polivalente, que es similar a la burdeos pero más pequeña.

Copa borgoña y burdeos

Por último, para degustar espumosos (cava, champagne…) elegiremos la copa flauta. Este tipo de copa también se puede usar para los blancos ligeros. ¿Os acordáis de las copas de espumoso de boca muy ancha que hemos visto en muchas películas? Son las copas llamadas Pompadour (en honor a la marquesa de Pompadour) y, a pesar de que son muy bonitas, los expertos aseguran que con ellas se pierden los aromas de los espumosos.

Copa flauta

A la hora de abrir la botella…
¿A qué temperatura lo sirvo? ¿Hay que dejarlo “respirar”? ¿Tenemos que decantarlo? Esas son algunas de las dudas que nos pueden surgir cuando vamos a abrir la botella para degustar el vino.

En cuanto a la temperatura, depende, una vez más del tipo de vino. Por regla general, estas son las temperaturas ideales a las que hay que servirlos para tomarlos en las mejores condiciones:

• Vinos espumosos: a 7ºC.
• Vinos dulces de postre (tipo moscatel o Pedro Ximénez): a 8ºC.
• Vinos tintos jóvenes: a 9ºC.
• Vinos blancos y rosados jóvenes: a 10ºC.
• Vinos blancos y rosados fermentados en barrica: a 12ºC.
• Vinos tintos crianza: a 15ºC.
• Vinos tintos reservas y grandes reservas: a 17ºC.

¿Cuándo descorchar el vino? ¿Hay que dejarlo “respirar”? Pues no siempre. Los blancos y rosados jóvenes, así como los espumosos, se abren en el momento de servirlos. Los tintos, tanto jóvenes como crianza, sí que conviene abrirlos un rato antes de tomarlos, dejando la botella al fresco. Incluso algunos reservas o grandes reservas, muy potentes, es conveniente abrirlos tres horas o más antes de degustarlos, para que “respiren” y se abran.

¿Los decantamos? Una vez más, no todos. Se suelen decantar los vinos con mucha crianza, que han permanecido mucho tiempo en botella, con el fin de evitar el poso que se forma con los taninos y los agentes colorantes del vino. Antes de decantarlo, hay que dejar la botella vertical durante unas horas, con el fin de que el poso precipite al fondo, y luego verterlo con mucho cuidado en el decantador, con cuidado de parar antes de que empiecen a caer los posos. El resto de vinos no es necesario decantarlos.

Aplicad estos consejos y… ¡salud!

Añade tu comentario

Nombre
E-mail
Website
Comentarios