La elección del vino y de las condiciones adecuadas para servirlo en la mesa cobran mucha importancia para que la comida o cena sea redonda.

Seguro que te has visto, en más de una ocasión, en la tesitura de tener que ocuparte de este detalle, ya sea como anfitrión del ágape o porque, como invitado, no quieres llegar con las manos vacías.

¿Te sientes perdido cuanto eres el responsable de la elección del vino? No te preocupes, porque a continuación te damos unos consejos prácticos para que, sin ser un experto, quedes bien en cualquier evento.

¿Qué tipo de vino escojo?

El primer dilema surge a la hora de seleccionar el tipo de vino más apropiado para conseguir un maridaje perfecto. ¿Un blanco? ¿Un tinto? ¿Un rosado? ¿Un espumoso?

La elección del vino que vas a degustar puede mejorar de manera importante la cena o la comida, pero ¿en qué debes basarse para optar por uno u otro? Hasta hace unos años, la norma tácita más extendida era que los tintos congeniaban mejor con las carnes y los blancos con el pescado.

Sin embargo, hoy día, puedes descartar esta idea. Los maridajes entre vinos y comidas son muchísimo más amplios y un blanco puede combinar perfectamente con ciertos tipos de carne, mientras que un tinto puede convertirse en el complemento ideal de algunos pescados. ¿Qué pautas puedes tener en cuenta?

  • Blancos: úsalos si el menú contiene mariscos y crustáceos, especialmente las variedades de albariño, godello o verdejo, y también con pescados blancos, como lubina besugo o rodaballo, y aves, como pollo o pavo.
  • Rosados: apuesta por ellos para comenzar el ágape si hay charcutería, embutidos o salchichas, sobre todo por caldos que hayan sido fermentados en barrica. Si de primero hay salmón a la parrilla, puedes seguir con este tipo de vino.
  • Tintos: las carnes rojas y de caza, en cualquiera de sus elaboraciones (a la piedra, a la parrilla, guisadas, como steak tartar…), maridan mejor con los tintos, recomendados también para cordero o productos de casquería.
  • Espumosos: los vinos similares al cava o el champagne son propios de los postres, aunque en España también es muy popular elegir variedades dulces o semi-secas para poner la guinda a la comida. Eso sí, si compras un brut o un brut nature (con un grado de azúcar mucho más bajo) es mejor que lo sirvas con aperitivos de queso o marisco.

Además de estos parámetros, ten en cuenta que el éxito en la elección del vino va a depender de los gustos de los comensales. Así, por ejemplo, las personas más profanas en la materia se decantan más por la frescura de los blancos, mientras que los buenos amantes vitivinícolas prefieren el carácter de un tinto.

¿Cómo influye la edad en la elección del vino?

Vale, ya has restringido la elección del vino bastante, pero aún tienes que escoger entre la amplia variedad de productos dentro de una misma tipología.

El siguiente paso para triunfar con la elección del vino está en la crianza, es decir, el tiempo que el caldo ha estado depositado en barricas de madera y que aporta nuevos matices al producto. ¿Qué alternativas existen?

  • Jóvenes: son vinos que han sido embotellados directamente desde los depósitos de acero, sin pasar por barrica. Si te decides por este, fíjate en que sea de la cosecha de ese año, pues, al no evolucionar en la botella, tienen una vida menos prolongada.
  • Roble: se trata de aquellos que han permanecido menos de un año en la barrica (entre 3 y 9 meses, generalmente).
  • Crianza: son aquellos que han permanecido en las barricas de madera un mínimo de 12 meses (6 meses en el caso de blancos y rosados). Por lo general, permanecen otros tantos meses embotellados antes de salir al mercado, aunque depende de las Denominaciones de Origen y de las propias bodegas.
  • Reserva: se refiere a los vinos que tienen una edad de, al menos, tres años naturales, de los cuales tienen que haber estado, como mínimo, 12 meses en barrica y otros 24 meses en la botella antes de salir a la venta.
  • Gran reserva: son los más longevos, con una antigüedad de cinco o más años, estando en barrica, al menos, 24 meses y otros 36 embotellados.

Aunque a mayor edad se presupone una mayor calidad, no quiere decir que un joven o un roble no puedan ser alabados por tus invitados, pues, como te decíamos, todo va a depender del menú y los gustos personales. Además, el año climatológico es fundamental, por lo que un crianza de una buena añada puede resultar más sorprendente que un reserva de una mala cosecha.

¿En qué otros elementos me debo fijar?

A pesar de seleccionar el tipo y la edad del vino, aún tienes frente a ti, en la estantería del establecimiento, varias decenas de botellas. ¿Cómo encontrar la mejor opción? El resto de aspectos que debes tener en cuenta en la elección del vino los encontrarás en el packaging, pues la etiqueta te dirá las características y matices de la marca, así como el año de cosecha, la bodega o la temperatura recomendada para su consumo.

Por ejemplo, un dato relevante es la Denominación de Origen, no tanto por su procedencia en sí (hay más de 70 reconocidas), sino porque te dará una idea del ‘coupage’ del producto, pues el tipo de uva cultivada en cada zona –igual que la variedad de aceituna en el caso del AOVE– confiere diferentes características. Por ejemplo, la variedad tempranillo propia de Ribera del Duero presenta matices muy frutales y aromáticos; la garnacha de Rioja aporta carnosidad y cuerpo al vino; la Merlot, originaria de Cataluña, tiene un buqué a frutos silvestres, eucaliptos y tabaco; y la uva albariño confiere tonos ácidos muy refrescantes.

Y si no te aclaras, ayúdate de guías especializadas en vinos, como la reputada Guía Peñín, o déjate asesorar a través de aplicaciones móviles gratuitas, como ViVino o Hello Vino.

A la hora de servirlos… ¿vale cualquier copa?

Con la botella en casa, tu transformación en un experto sumiller no queda ahí. Llega el momento de servir el vino y no todo vale. Cada tipo de copa aporta matices diferentes, ya que su forma permite liberar más o menos los aromas, por lo que es conveniente elegir la mejor en cada caso.

Elección copas de vino

Por ejemplo, si vamos a tomar vinos blancos o tintos jóvenes, lo mejor es usar las llamadas copas de borgoña, es decir, aquellas que son “ventrudas” y con la boca más estrecha. La forma de la copa concentra los aromas para que lleguen a la nariz.

La copa de burdeos, con una tulipa muy alta, es perfecta para el resto de vinos, sobre todo aquellos más potentes, y lo mismo ocurre con la copa polivalente, que es similar a la burdeos pero más pequeña.

Copa borgoña y burdeos

Por último, para degustar espumosos (cava, champagne…) elegiremos la copa flauta. Este tipo de copa también se puede usar para los blancos ligeros. ¿Os acordáis de las copas de espumoso de boca muy ancha que hemos visto en muchas películas? Son las copas llamadas Pompadour (en honor a la marquesa de Pompadour) y, a pesar de que son muy bonitas, los expertos aseguran que con ellas se pierden los aromas de los espumosos.

Copa flauta

¿Qué debo hacer al abrir la botella?

¿A qué temperatura lo sirvo? ¿Hay que dejarlo “respirar”? ¿Tenemos que decantarlo? Esas son algunas de las dudas que nos pueden surgir cuando vamos a abrir la botella para degustar el vino.

En cuanto a la temperatura, depende, una vez más del tipo de vino. Por regla general, estas son las temperaturas ideales a las que hay que servirlos para tomarlos en las mejores condiciones:

• Vinos espumosos: a 7ºC.
• Vinos dulces de postre (tipo moscatel o Pedro Ximénez): a 8ºC.
• Vinos tintos jóvenes: a 9ºC.
• Vinos blancos y rosados jóvenes: a 10ºC.
• Vinos blancos y rosados fermentados en barrica: a 12ºC.
• Vinos tintos crianza: a 15ºC.
• Vinos tintos reservas y grandes reservas: a 17ºC.

Respecto a los ‘tempos’ del vino, recuerda que los blancos y rosados jóvenes, así como los espumosos, se abren en el momento de servirlos, mientras que los tintos, tanto jóvenes como crianza, sí que conviene descorcharlos un rato antes de su degustación, dejando la botella al fresco, plazo que aumenta a mayor solera. Incluso algunos reservas o grandes reservas, muy potentes, es conveniente airearlos tres horas o más antes de servirlos, para que “respiren” y se abran.

Pero, ¿lo decantas o no? Esta acción tiene como objetivo eliminar sedimentos en los vinos añejos y oxigenar los más jóvenes, pero no por ello tienes que convertir el decantador en tu nuevo ‘mejor amigo’ del menaje. Úsalo en aquellos vinos que han permanecido mucho tiempo en botella para evitar el poso que se forma con los taninos y los agentes colorantes del vino. Deja el último dedo sin verter y, antes de hacerlo, asegúrate de que ha estado en reposo vertical unas horas, asentando esos sedimentos.

Por último, mucho cuidado con cómo lo bebes. Tus esfuerzos en la elección del vino pueden ir al traste si, nada más sentarte a la mesa, llenas la copa de tus comensales hasta arriba –en un intento de generosidad- o agarras la copa por la tulipa con todos tus dedos –como si de un té caliente en una tarde de invierno se tratase-. Todo buen etnólogo sabe que la copa se sirve hasta menos de la mitad, para que el vino respire en la copa mientras lo bebes, y que se coge por el fuste (el pie de la copa), para que el calor de las manos no varíe la temperatura del vino.

Con estos consejos, ya estás preparado para salir airoso en la próxima celebración o incluso acudir a catas, ferias y eventos especializados, como Spain Through Its Wineries un proyecto que marida vinos y escapadas por España para poner en valor nuestro país como destino enoturístico a nivel mundial. En este mundo, como en todos, es la práctica lo que hace al maestro.

Aplicad estos consejos y… ¡salud!

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