¿Es más saludable comer alimentos sin cocinar? ¿Se mantienen mejor sus propiedades nutricionales? Esto es, al menos, lo que afirman los seguidores de la tendencia “Raw Food”  o “comida viva”, también conocidos como “crudiveganos”. Abogan por el consumo de alimentos en su estado natural, es decir, crudo, por lo que su dieta se basa, fundamentalmente, en las frutas, las hortalizas, los frutos secos, brotes, germinados, algas y similares, así como sus derivados.

En realidad esta tendencia no es tan reciente como parece, ya que su origen se remonta a finales del siglo XIX y al Dr. Maximilian Bricher-Benner, un médico suizo que experimentó con los efectos que tienen en la salud los alimentos crudos. De hecho, fue el inventor del muesli, una mezcla de a base de avena cruda, frutas y frutos secos, que se ha mantenido hasta nuestros días. El Dr. Bricher-Benner llegó a abrir su propio sanatorio, que bautizó como “Fuerza Vital” y aplicó a sus pacientes este tipo de alimentación en la que los productos nunca se cocinaban o, si lo hacían, siempre era por debajo de los 40ºC. Su explicación era que, al ingerir así los alimentos, sus valores nutricionales eran muy superiores porque contenían la energía directa del sol. Aunque los médicos de la época no compartían sus ideas, fue el primer científico del viejo continente en utilizar la comida como elemento para mejorar la salud y no sólo para saciar el hambre.

Mantener el valor nutricional de los alimentos íntegro
Desde hace un tiempo, la tendencia “Raw Food” ha vuelto a tomar fuerza, primero en Estados Unidos, donde artistas como Demi Moore o Nathalie Portman son grandes defensores de esta dieta. Posteriormente, llegó a Europa. En España existe un movimiento llamado Raw Food Spain, que aboga por impulsar lo que ellos consideran un modo de vida. Al frente del mismo se encuentran Javier Medvedovsy, el “Espiritual Chef” que ofrece sus servicios de comida a domicilio; Beverly Pugh, responsable de la web Raw Food Diet for Life; y Gabriela Hernández y David O’Really, autores del blog “¡Vida en tu comida!”, en la que ofrecen diferentes talleres, recetas y consejos sobre este tipo de alimentación.
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Lo que predican desde Raw Food Spain es que los alimentos que se cocinan por encima de los 42ºC se quedan sin vida, ya que pierden casi todo su valor nutricional en forma de vitaminas y minerales. Al consumirla cruda, los beneficios para el organismo son mayores: ayuda a mantener  el peso ideal, el cuerpo se nutre y regenera, se incrementa la energía, se gana claridad mental y la piel rejuvenece.

Un movimiento que también tiene detractores
Sin embargo, el movimiento Raw Food también cuenta con detractores que aseguran que, al no cocinar los alimentos, el riesgo de infecciones bacterianas, como la salmonelosis, se multiplica. Defienden, además, que las técnicas de cocinado forman parte de la evolución del ser humano a lo largo de la historia y que los productos cocinados son más fáciles de digerir que crudos, lo que supone una ventaja de cara al trabajo del organismo. También proclaman que, en realidad, no hay estudios científicos que avalen sus argumentos de que la comida cruda es más nutritiva.

Además, apostar por una dieta excluyente no entra dentro de lo que los expertos en nutrición denominan como una dieta equilibrada, es decir, aquella en la que no hay alimentos buenos ni malos, sino todo consumido en su justa medida. Muchos nutricionistas consideran el movimiento Raw Food como una dieta radical, con importantes deficiencias nutricionales en cuanto a proteínas y otras nutrientes esenciales para el perfecto funcionamiento del cuerpo humano.
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Una tendencia que ha llegado a los restaurantes
La tendencia “Raw Food” ha llegado también a la restauración en nuestro país y cada vez encontramos más establecimientos que apuestan por platos crudiveganos, fundamentalmente en Madrid y Barcelona, aunque también en otras ciudades.

En Madrid, encontramos, por ejemplo, Crucina, que ofrece “cocina sin fogones”, con productos de temporada, y sólo emplean técnicas que alteran mínimamente los alimentos, por debajo de 41ºC, para preservar intactos su nutrientes. Entre sus especialidades destacan la musaka y la quiche, elaborados con productos orgánicos y vegetales.

En Barcelona, el referente es el Café Blueproject, que ofrece cocina vegetariana, vegana y raw food. Además, cuentan con certificados de restauración ecológica y el sello de proximidad (Slow Food). En su caso, el plato estrella es la Pizza Cósmica, unas mini-pizzas con base deshidratada de trigo sarraceno y zanahoria, que llevan salsa de tomate, queso de anacardos, rúcula y aceitunas. No suena nada mal…

En Girona encontramos Bionèctar Organic Art Food, con la eco-chef Eva Roca al frente, que también dirige la escuela de cocina y alimentación viva Crudivegània, donde imparte talleres y cursos sobre nutrición vitalista y cocina viva.

Y en Pamplona encontramos el Baratza Kafea, un restaurante macrobiótico, vegano y ecológico, que apuesta por la alimentación natural y bio-energética.

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